El cerebro nos engaña

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El cerebro nos engaña

Muy a menudo la mente nos juega malas pasadas y nos hace ver cosas que en realidad no existen, como demuestran algunas ilusiones ópticas famosas.

Percibimos el mundo que nos rodea a través de los sentidos. Todos ellos pasan la información que reciben al cerebro, que se encarga de interpretarla “a su manera”, aunque no siempre se corresponde fielmente con la realidad. Si tiene alguna duda observe las siguientes ilustraciones. A primera vista seguramente verá cosas distintas de las que realmente están dibujadas. Se trata de ilusiones visuales, que ponen a prueba nuestro sentido de la vista.

Para la mayoría de las personas la vista es el sentido más importante. Y sin embargo es el que más se presta a engaños. En realidad, la calidad de las imágenes que se forman en la retina no es muy buena. Pero el cerebro se encarga de hacer las correcciones oportunas para que podamos ver con la suficiente nitidez.

Precisamente al hacer esas correcciones puede introducir elementos que no existen en la realidad, digamos que “se pasa de listo”. Por ejemplo, puede completar la información que le llega añadiendo formas que no existen, como ocurre al contemplar el triángulo de Kanizsa, una ilusión óptica muy conocida.

Triángulo de Kanizsa

El triángulo blanco no existe, es una ilusión óptica que construye el cerebro

En realidad no hay líneas que delimiten el triángulo blanco, porque simplemente no existe, Son los círculos incompletos los que crean la ilusión. Si se trazan unas líneas paralelas sobre el falso triángulo blanco, dejará de verse.

Ilusión de Ponzo

¿El monstruo grande se come al chico? Seguro que no. Los dos son iguales

Otras veces lo que nos despista, paradójicamente, es la perspectiva, como ocurre con la ilusión de Ponzo. Como el cerebro percibe relaciones de tamaño, se deja engañar por la sensación de fondo y llega a la conclusión de que una de las dos figuras, que en realidad son iguales, es mayor que otra.

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¿Uno de los círculos marrones es mayor que el otro? No hay que dejarse confundir por los círculos azules

Círculos marrones

Lo mismo ocurre con estos círculos, pero en este caso es la disposición de los círculos azules la que nos confunde.

Van Gogh. Autorretrato

Van Gogh

A esta forma de interpretación tan peculiar de nuestro cerebro le han sacado partido los pintores impresionistas. ¿Por qué una serie de pinceladas aparecen ante nuestros ojos como una figura humana o un paisaje? La respuesta está en la baja capacidad de resolución de nuestros ojos, que perciben como un continuo los puntos separados que integran un cuadro de Degas o de Van Gogh.

(Fuente: http://abcblogs.abc.es/cerebro/public/post/el-cerebro-nos-engana-15843.asp/)

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