El Método

El Método

La noción clásica de “método”, fundamental para la perspectiva cognitiva de la simplicidad, resulta hoy un chaleco de fuerza que traba el desarrollo del pensamiento complejo y por lo tanto propongo hacer una revisión de su genealogía, su importancia, sus virtudes, sus límites y peligros.
Alexandre Koyré nos ha enseñado que ninguna ciencia ha comenzado nunca con un tratado de método, ni ha progresado gracias a un conjunto de reglas elaboradas de manera completamente abstracta. Sin embargo, es eso justamente lo que pretende hacernos creer Descartes y toda una cohorte de pensadores que le sucedieron.
“El Discurso del Método fue escrito después de los ensayos científicos de los que constituye el prefacio, “ y no a la inversa como es de esperar. Sin embargo, el autor nos deja creer que se trata de una reflexión fundante, anterior e independiente. Este bucle temporal, esta supuesta anterioridad e independencia del método respecto de los contenidos, es clave para entender tanto el privilegio concedido a la cuestión metodológica en la Modernidad, como sus peligros para el pensamiento contemporáneo.
A diferencia del poeta que hace camino al andar, los creyentes del método suelen pretender que el camino preexiste aún a la misma Tierra. Su camino (significado etimológico de método) idealizado elimina la historia viva del pensamiento y con ella las dificultades, los errores, las confusiones y vías muertas para presentarnos un trazado directo, sin rodeos, que nos conduce en línea recta desde la ignorancia al saber guiados sólo por sus normas. Para ello es esencial anteponer el método a la propia investigación, abstraerlo del fangoso terreno del pensamiento afincado en la complejidad y enraizado en el mundo problemático para llevarlo hacia las alturas celestiales de la pureza. Si esto no se logra en la práctica real de la investigación, sí es posible presentarlo de ese modo a posteriori, a través de una descripción que re-construye el proceso depurándolo y abstrayéndolo. Los guionistas del método actúan al modo de los escribas de Hollywood que nos han habituado a que los soldados permanezcan limpios e impecables después de una ruda batalla, y que las damiselas luzcan un maquillaje primoroso aún cuando han vertido suficientes lágrimas como para formar un lago. Estamos tan acostumbrados a esta mistificación de la experiencia que nos emocionamos y vibramos junto al caballero andante que llega impoluto a destino luego de una jornada bajo el sol abrasador que no ha provocado ni una gota de transpiración en él. Y no sólo eso, sino que esta incongruencia con nuestra experiencia no parece quitarle verosimilitud a la escena aunque nuestro rimel sí se corre y nuestra camisa esté empapada por el sudor con sólo ver los ajetreos de nuestro héroe . Del mismo modo, Descartes pretendió crear un camino que permitiera llegar al conocimiento sin tropezar con el error, ni perderse en la confusión, sin ensuciarse en el barro de la perplejidad, ni andar a tientas en la bruma del sin sentido, descartando todo el legado cultural del que se había nutrido para recurrir únicamente a una facultad no contaminada por prejuicio alguno: la razón. Y su punto de vista penetró tan hondamente en la cultura que hasta la actualidad aunque en franco declive – es parte de nuestro modo de concebir el conocimiento y de pensarnos a nosotros mismos.

Denise Najmanovich, “La complejidad: de los paradigmas a las formas de pensar”
Del libro “Mirar con Nuevos Ojos”

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Mayo 13th, 2016 by