Observador y Sistema (Parte II)

El Observador

Las acciones que emprendemos suceden como respuesta al problema que interpretamos y debemos resolver. Dicho problema es interpretado desde nuestro punto de vista como observadores, pero este punto de vista no solo nos ofrece un panorama absolutamente personal, sino que a la vez nos oculta porciones del problema ya que solo lo estamos evaluando desde nuestra posición.

No podemos observar donde estamos parados. Nos cuesta reconocernos como parte del todo.

Nuestra capacidad de acción depende del tipo de observador que somos, de la mirada que desplegamos sobre las cosas. Si el resultado que observamos se nos presenta como problemático o insatisfactorio, y nos enfrentamos a una dificultad para alterarlo, ello puede eventualmente resolverse si desplazamos, si modificamos nuestra mirada. Al cambiar el tipo de observador que somos, puede suceder que discurramos alternativas de acción que antes no veíamos y podamos resolver ahora lo que antes no podíamos.

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El Sistema

Los seres humanos somos seres sociales. Nos es imposible separar nuestro carácter individual de nuestro carácter social dado que cada uno desarrolla su individualidad a partir de condiciones históricas sociales. Cada ser humano tiene su propia manera de actuar y generar resultados, los cuales son distintos a los que podría generar otro individuo. La manera como observamos, la forma como actuamos y, en consecuencia, los resultados que obtenemos en la vida, remiten tanto a los sistemas en los que hemos participado como a las posiciones que hemos ocupado en cada uno de ellos.

De la comunidad a la que pertenecemos, de la familia en la que nacimos, del barrio donde crecimos y donde hicimos de ciertas amistades, de la escuela en la que nos formamos, de los amores que desarrollamos, de las organizaciones en las que trabajamos. Si estos sistemas hubiesen sido otros o si hubiésemos ocupado otras posiciones en cada uno de ellos, seríamos otro tipo de persona y muy probablemente observaríamos y actuaríamos de diferente manera, generando resultados distintos. Todo esto implica que si deseamos producir cambios profundos y estables en nuestra forma de comportarnos, muchas veces no es suficiente incorporar nuevos repertorios de acción, sino que es preciso producir cambios en el observador (incluso el cambio del observador resulta, muchas veces, insuficiente y es necesario modificar el o los sistemas a los que pertenecemos)

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